Mensaje del Papa: Fortalecer la cultura del “nosotros”

El mensaje del Papa pone en el acento en la convivencia nacional y la vida en comunidad.

Siguiendo con nuestro itinerario de descubrir de qué manera los distintos discursos del Papa Francisco durante su visita a Chile nos pueden ayudar en el mundo del trabajo, y de modo específico en el mundo de las organizaciones y empresas, ofrezco en esta quinta columna un comentario de su discurso en la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Fue un discurso breve, pero profundo, en el cual el Papa se refiere a dos grandes temas: Convivencia nacional y avanzar en comunidad. Ambos tienen gran aplicación en el mundo laboral.

Convivencia nacional

El Papa reconoce que los cambios que se han producido en la sociedad son de tal envergadura que “lo que hasta ayer podía ser un factor de unidad o cohesión, hoy está reclamando nuevas respuestas”. Ello exige abrirse a una reflexión franca, un diálogo sin restricciones y un encuentro generoso de las personas, sin las cortapisas del voluntarismo, las utopías o la ingenuidad.

Todos estamos relacionados con una historia, una nación, un pueblo, una cultura. Necesitamos salir de la dinámica que privilegia solamente los intereses individuales y entrar en la lógica del “nosotros”. De no hacerlo, el Papa nos advierte que “la vida será no solo cada vez más fracturada sino más conflictiva y violenta”.

A la luz de los conflictos que se han vivido al interior de los colegios y universidades, así como en las empresas y el ámbito público, sin duda que esta reflexión ha de calar hondo en cada uno de quienes tenemos responsabilidades.

Mentalidad integradora

El Papa quiere que seamos capaces de construir espacios de participación, en los cuales las relaciones excesivamente jerarquizadas den paso a una mentalidad “integradora”, caracterizada por formas más horizontales de interacción. Este es un asunto de mentalidad, nos dice Francisco, y usando el latín habla de una forma mentis, es decir una forma de pensar.

Ello, aplicado a la universidad, exige comprender al hombre desde una concepción más amplia que la meramente cognitiva, incluyendo “los afectos y las manos”.

Las implicancias en el mundo de las organizaciones y empresas son igualmente significativas. Lo central es que la empresa considere al trabajador como una persona que piensa, siente y ama, y no como un mero insumo en la cadena de producción, un ítem de costo. En la medida que el trabajo sea considerado tan sólo como una mercancía que se transa en el mercado, estamos olvidando su dimensión propia y auténticamente humana, y para los creyentes, sagrada, porque lo realiza una persona.

El Papa cuando nos invita a fortalecer la cultura del “nosotros” nos está invitando a mirar al otro desde una perspectiva que excede por mucho el plano meramente contractual o laboral. Francisco entra en el corazón de los dilemas éticos a los cuales nos vemos enfrentados.

Avanzar en comunidad

Solo en la medida que haya integración y auténtico reconocimiento del bien que genera el trabajo de una persona en beneficio de todos, se podrá lograr una verdadera comunidad y se le podrá dar sentido al hacer del hombre.

Reconocer a cada persona como un aporte para los demás, y a cada trabajador de una organización o empresa como condición de posibilidad del propio desarrollo personal, es la base de todo proyecto próspero. Ello es impensable sin generar más y mejores vínculos, tanto al interior de la organización, como con la sociedad toda.

En este empeño, el Papa pone a la universidad como un modelo de lo que debemos construir como sociedad, pues afirma que esta “se vuelve un laboratorio para el futuro del país, ya que logra incorporar en su seno la vida y el caminar del pueblo superando toda lógica antagónica y elitista del saber”.

La empresa

En una empresa, es responsabilidad de sus directivos procurar las condiciones para que cada uno de sus miembros se sienta parte de un proyecto común. No basta lo económico.

La clave es el reconocimiento de la dignidad de cada trabajador y la generación de condiciones de trabajo que permitan a cada persona crecer como seres humanos en todos los ámbitos de su existencia a través del servicio que realiza. Esto es lo mismo que planteaba San Juan Pablo II en su Encíclica sobre el trabajo humano: La empresa como comunidad de personas y como lugar de humanización.

Es esta una gran responsabilidad de la empresa, dado que por su naturaleza convergen personas de distintas realidades y experiencias, y se crean una gran cantidad de vínculos con las más diversas realidades sociales.

En el mundo de hoy, la estructura de red es más funcional y flexible que la estructura jerárquica, para generar las innumerables formas de relación y espacios de participación que se necesitan en una organización para que pueda alcanzar los objetivos que se ha trazado. En ella, los migrantes y personas con capacidades diferentes no pueden quedar fuera. Ellos enriquecen la empresa.

 





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