¡Las emociones de los equipos son esenciales!

En la expedición a la Antártica pudimos comprobar que las emociones de los equipos son esenciales para lograr buenos resultados. Incluso para salvar la vida.

Las emociones de los equipos son esenciales. Un 12 de noviembre de 2002, partimos con Ernesto Olivares, Eugenio Kiko Guzmán y Pablo Gutiérrez, a realizar una travesía a la Antártica para recorrer 400 kilómetros por la inexplorada vertiente este de los montes Ellsworth en el corazón de Antártica, solos y sin soporte externo. Un plan de 54 días para cruzar nueve pasos de montañas, recorrer 17 glaciares y escalar el Monte Segers.

Sería la exploración de un territorio desconocido que comienza en la sección norte de la Cordillera Centinela, en el Glaciar Newcomer.

Después de tres días llegamos a la Cordillera Heritage, la cual recorrimos en su totalidad, ingresando a un tramo que presenta menos accidentes geográficos. Sin embargo, el problema era el constante y frío viento proveniente del polo sur, al cual estábamos expuestos permanentemente.

Luego de cumplir una semana de travesía, observamos que al final del valle, un cordón de montañas cerraba el paso. Quedaba la duda si habría pasada o no. Hasta aquí, todo iba bien. Sin embargo, luego que exploramos dicho cordón montañoso, regresamos al campamento, derrotados y abatidos. ¡No hay salida! dijimos.

Después de tanto esfuerzo, descubrimos un portezuelo entre las cumbres, pero que lamentablemente daba a una pared de hielo que cae verticalmente seiscientos metros al próximo valle.

¿Cómo salir con vida?

¿Qué hacemos ahora?, Luego de discutirlo mucho, tratábamos de ver posibilidades para salir con vida, y descubrimos que no había nada racional que nos permitiera lograrlo.

En medio de la peor sensación y al borde de pensar en la muerte, Ernesto comenta que está agradecido de la invitación y que los glaciares son como “pie de limón y lo más lindo que hay”.

Parecía un comentario irónico, paradójico en ese contexto. Sin embargo, nos transmitió una nueva emocionalidad al equipo.

Luego, paulatinamente, van surgiendo opciones, considerando el uso de cuerdas, descolgarse, hacer terrazas con las palas, etc.

¿Valdrá la pena intentarlo?

Veinticuatro horas más tarde de continuo trabajo, en equipo logramos atravesar y abrirnos caminos por donde no había salida. ¡Estábamos a salvo en el siguiente valle!

Aún quedaban 350 kilómetros de recorrido, pero decidimos descansar todo un día para recuperarnos. Dormimos 12 horas con la sensación de logro compartido, listos para que desde ahí nada nos detuviera.

Hoy, al recordar esa experiencia extrema, me vuelvo a preguntar ¿Qué nos permitió salir vivos?, ¿Qué fue lo determinante en el cambio de dinámica del equipo?, ¿De quiénes dependió dicho cambio?, ¿Qué nos habría ocurrido si no pasamos de la emoción e derrota a la de esperanza?

Hoy vemos en muchos ámbitos de las relaciones humanas e institucionales, que la percepción del futuro se tiñe por la emoción derrotista. Cambiar esta emoción a la esperanza creativa y colaborativa es esencial, es la llave maestra que muchas veces nos salva la vida.

Mira aquí el video de la Expedición Antártica 2002:

https://youtu.be/G4SSv9wSGaE





Artículos más recientes del autor