La inteligencia emocional hoy es imprescindible

Las habilidades de la inteligencia emocional están impulsando el bienestar de las personas y las organizaciones en estos días de pandemia.

En tiempos de pandemia, tan difíciles como los que estamos viviendo, se enfrentan desafíos organizacionales que muestran lo limitado que puede ser centrarse solo en las habilidades técnicas o “duras” a expensas de las habilidades sociales o “blandas”. Estas habilidades que han estado usualmente en la sombra emergen en tiempos del Covid-19 como un imperativo de benevolencia, resiliencia y agilidad. Como tales, estas habilidades se encuentran impulsando el bienestar de las personas y las organizaciones.

El líder a cargo de un equipo debe adecuarse a esta nueva situación cambiando muchas veces el estilo de liderazgo que usa habitualmente, permitiendo que aflore su inteligencia emocional (IE).

Pero, ¿qué define la situación? No es fácil dar una respuesta única a esta pregunta. El líder debe saber descifrar el tiempo y la situación que le toca vivir. No es lo mismo manejar una empresa pública que una privada; es distinto ser líder de un grupo pequeño que de uno grande; resulta diferente dirigir personas cuando las tareas son estructuradas que cuando el trabajo es creativo.

El liderazgo efectivo debe tener la capacidad de reconocer el momento que le ha correspondido enfrentar y de adaptar sus respuestas y su forma de conducir la organización. Esto requiere de un grado importante de inteligencia emocional, ya que no es fácil poder percibir adecuadamente las claves sociales y adaptar las conductas a la misma.

La relación entre el líder y sus seguidores

La consideración de la relación entre el líder y sus seguidores es uno de los factores esenciales en las teorías actuales de liderazgo. Estas son las “teorías situacionales” que ponen el énfasis en la flexibilidad que debe tener un líder para responder a los cambios en el ambiente, sacando del centro a los atributos o “carisma” de una persona y poniendo el acento en la relación que establece con sus seguidores.

Es sabido que las relaciones interpersonales se encuentran en la esencia de las organizaciones. En este sentido, Peter Senge, considera el liderazgo como la capacidad de una comunidad humana para crear su futuro. Básicamente esto nos dice que el liderazgo no lo podemos ubicar en los talentos y atributos de una persona en particular, sino en una relación entre personas. Es por lo tanto un proceso social, en el que el líder interviene para establecer conexiones entre personas para lograr objetivos y metas.

Por lo mismo, entre las tareas esenciales del líder se encuentra la de crear confianza y vínculos entre las personas que dirige. Un buen líder es el que obtiene resultados exitosos y, a la vez, permite el desarrollo de sus subordinados en términos profesionales y personales. Para equilibrar estos dos desafíos, el líder debe demostrar a lo largo del tiempo que es capaz de formar equipos que funcionan bien, y utilizar los conflictos como fuente de crecimiento para las personas y la organización.

En resumen, los líderes saben inspirar, despertar pasión y compromiso por el trabajo. Son personas que despiertan nuestro entusiasmo y estimulan lo mejor de nosotros. Cuando tratamos de entender por qué algunas personas son tan efectivas en su gestión nos centramos principalmente en algunos elementos racionales como su estrategia, visión y conocimientos, factores clave en llevar prosperidad a las organizaciones. Sin embargo, en los tiempos actuales —de crisis y de distancia social—, que han cambiado tan radicalmente nuestras formas de trabajar y de relacionarnos, empiezan a surgir con fuerza las necesidades emocionales.

Tarea de un líder: dirigir emociones

Aún cuando todo pueda estar funcionando perfectamente si el líder no es capaz de dirigir las emociones en la dirección correcta, es probable que logre resultados más pobres de los que anhela. En este sentido, podríamos considerar que una de las tareas primordiales de un líder es la de dirigir emociones.

No hay duda que esta afirmación puede asustar a los que dirigen empresas, ya que hemos sido formados en la creencia de que solo a través de lo racional y las habilidades “duras” podemos tener un control sobre el ambiente que nos rodea, y que las emociones son peligrosas porque nos conducen al caos.

Sin embargo, la experiencia nos muestra que puede ocurrir precisamente lo contrario. En situaciones de emergencia y caos, como las que hoy día enfrentamos, un líder puede movilizar las fuerzas emocionales de las personas, dándoles la tranquilidad y ánimo necesario para enfrentar la incertidumbre y la amenaza.

¿Es posible aprender?

Se han obtenido resultados importantes en personas que asisten a talleres de desarrollo de la inteligencia emocional. Richard Boyatzis (Case Western Reserve University) ha llevado a cabo un seguimiento de los participantes a estos talleres por años para ver si el efecto del programa perdura. Sus resultados son bastante impactantes. Demuestran que se mantiene un 40 % de los avances en IE después de siete años de haber participado en el programa.

CASO: Ben es un vendedor experimentado que ha trabajado por más de 30 años en una empresa de retail, con excelentes resultados. En el papel, Ben es un ejecutivo estrella pero con reparos. Un gerente de su departamento está exasperado por la costumbre que tiene Ben de espantar el talento, con sus explosiones y comentarios sarcásticos que harían sonrojar a cualquiera. Aparte de estas limitaciones ha probado tener una alta productividad. Y aquí está la trampita, aunque es un sufrimiento trabajar con él, la compañía se hundiría sin él. Las espadas de doble filo como Ben son los candidatos ideales para trabajar en programas de desarrollo de la inteligencia emocional.

Preguntas
• ¿Ha podido ver algunos cambios en su propio comportamiento en esta crisis?
• ¿Y en sus líderes?

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Nureya Abarca
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