La Arabia Saudita solar de Atacama, ¿el lugar del Unicornio chileno?

Solo unos pocos están viendo en Chile el tremendo potencial de producción de energía solar del desierto de Atacama. ¿Será la actividad o empresa unicornio chilena que estamos esperando?

Tengo la impresión que los chilenos tenemos una cierta inseguridad sobre nuestra identidad. Lo que viene de los países del norte es bueno, lo nuestro no tanto. Los productos y servicios que vienen respaldados por una marca internacional nos generan confianza, pero nos cuesta darles espacio a los avances de nuestros propios innovadores y emprendedores.

Y la cosa funciona al revés también: nos toca experimentar la generación del tenista Chino Ríos o la generación dorada del futbol, o nuestra economía va mejor que la de los vecinos, y nos creemos el cuento de los “jaguares de Sudamérica” y comenzamos a mirar en menos a nuestros rivales, a tratar despectivamente a nuestros socios comerciales y a hacernos la fama odiosa de los ricos y poderosos del pueblo… hasta que las derrotas, las dificultades, las desaveniencias internas, o simplemente el progreso ajeno, nos vuelven a enfrentar a la realidad de nuestras “miserias”.

Y entonces somos los peores de todos, buscamos culpables para descargar nuestras responsabilidades y volvemos a convencernos que somos incapaces por definición y que nuestro destino es repetir nuestra historia, en vez de mirar de frente los problemas para aprender de ellos y volver a intentarlo.

Oportunidad a la vista

¿A qué viene esta reflexión? De vez en cuando a nuestro país se le abren oportunidades. Nos cuesta verlas, pero si nos las señalan desde el extranjero les ponemos atención. Dependiendo eso sí de nuestro estado de ánimo, si estamos en nuestra fase maníaca o la depresiva, nos las tomamos o no en serio.

El 31 de marzo de 2017 el Washington Post señaló que Chile es “la Arabia Saudita de la energía solar”, y que el desierto de Atacama es como “el planeta Marte, pero con mejor señal de celular…”. (Lee aquí).

He tenido, en este año y medio desde esa publicación, muchas conversaciones, lecturas y reflexiones sobre este tema. Y creo que nuestro país se está tomando este tema a la liviana. Es cierto que hay quienes están poniendo su foco en él y que hay, por ejemplo, una importante licitación de Corfo en curso para construir el Instituto de Tecnologías Limpias en Antofagasta, con el aporte I+D que contempla el contrato de arriendo de las concesiones de litio a Soquimich. Pero el círculo de iniciados que están entendiendo en realidad lo que pasa sigue siendo reducido.

No solo por los niveles de radiación, sino por las temperaturas relativamente templadas de nuestro desierto y por la altitud de los territorios donde podrán instalarse los paneles fotovoltaicos, las centrales de concentración solar de potencia o las centrales de bombeo, Chile tiene entre un 20% y un 30% más de producción eléctrica de base solar que sus mejores competidores. Pero no veo que el país esté dimensionando en su real perspectiva lo que puede significar para nuestra estrategia de desarrollo el hecho de contar con la mejor ubicación del planeta para generar energía eléctrica de fuente solar.

Hasta hace poco tiempo veíamos cómo se producían grandes guerras en torno al petróleo, y cómo los grandes países intentaban asegurar su “autonomía energética” por medio del desarrollo de tecnologías que permitieran explorar y explotar hidrocarburos en lugares geopolíticamente estables.

Pues bien, ahora resulta que, en el Desierto de Atacama, lugar bendito por la abundancia de minerales como el cobre, el litio, el molibdeno, nitratos, etc., encontramos hoy un yacimiento inagotable de… sol. Y justo ahora, cuando el mundo gira hacia este tipo de energía por la urgencia que impone el cambio climático y el calentamiento global. ¿No será mucha la coincidencia?

¿Se viene un Uber de la minería?

No estamos lejos de ver el día en que no solo la minería, sino también todas aquellas otras industrias intensivas en energía, empiecen a mirar nuestro desierto para instalar sus operaciones y aprovechar estas ventajas. Es hora de mirar con seriedad y realismo, sin explosiones maníacas ni pozos de depresión, las oportunidades que este fenómeno emergente trae consigo para nuestro país.

Las posibilidades de transformar el agua en combustible de hidrógeno, tal como lo advirtió Julio Verne, están al alcance de la mano usando fuentes limpias de energía.

La minería, los innovadores y los emprendedores chilenos deben mirar este espacio con atención y nuestro país debe construir capacidades tecnológicas en torno a esta revolución en ciernes, si queremos dar el salto definitivo al desarrollo. Y los mineros probablemente no estamos lejos de ver aparecer un Uber de la minería fruto de este fenómeno. ¿Será la oportunidad de tener, finalmente, un unicornio chileno? (Lee aquí una reseña sobre las empresas unicornio, aquellas que consiguen un valor superior a los 1.000 millones de dólares en su etapa inicial).

Lee acá aquí  sobre el curso online “Emprendimiento en la Minería” de Clase Ejecutiva UC.





Mauro Valdés
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