Gestión de la calidad: ¿Sabías que lo primero es el liderazgo?

Si no hay liderazgo a las iniciativas de gestión de la calidad les pasa lo que a Sísifo: sube una vez y otra vez la piedra, sin llegar a la cumbre.

Es usual que cuando se habla de gestión de la calidad el foco de la conversación esté centrado en aspectos técnicos como metodologías, prácticas y herramientas que están disponibles para que las organizaciones las apliquen en búsqueda de mejorar su desempeño.

No obstante, hay un aspecto no menor y que en muchas ocasiones es clave para el éxito de esta tarea. Este se refiere al liderazgo que deben ejercer los altos directivos para vencer los obstáculos que se interponen en la implementación de la gestión de la calidad.

¿Tarea cuesta arriba?

Conocida es la historia de Sísifo, de la mitología griega. Rey de Éfira, fue castigado a empujar cuesta arriba por una montaña una piedra y que, antes de llegar a la cima, volvía a rodar hacia abajo. Una y otra vez, haciendo frustrante el proceso.

Algo similar ocurre con los proyectos de implementación de sistemas de gestión de la calidad que no cuentan con el liderazgo de la alta dirección. Se transforman en una tarea cuesta arriba. Y que muchas veces, ante el primer traspié, vuelve a su punto original. Ello ocasiona un gran gasto de energía y de recursos, lo que finalmente no impacta en sus resultados.

Es justamente este cuadro lo que hace que algunas organizaciones consideren muy costosas y poco atractivas las iniciativas de esta naturaleza.

Cambios que rompen paradigmas

Sin embargo, la experiencia de conocer casos de éxito en esta materia nos lleva a preguntarnos ¿qué marca la diferencia? En todos los casos la respuesta es unánime: ¡Liderazgo! Surge una nueva interrogante: ¿Por qué es tan relevante el liderazgo para el éxito de la gestión de la calidad?

La respuesta contiene varios aspectos. El primero es propio del comportamiento humano en las organizaciones. Esto es, brindamos especial atención a los propósitos que provienen y son empujados por los altos directivos. En desmedro de otros que se originan en niveles similares o inferiores, a quienes deben encargarse de su implementación.

Por otra parte, la gestión de la calidad implica romper paradigmas o modelos de cómo se hacen las cosas y que son parte de la cultura organizacional. Ello ocasiona resistencias al cambio que deben ser enfrentadas por estrategias aplicadas desde arriba.

Resultados en el mediano y largo plazo

También hay que considerar que la implementación de modelos de calidad no tiene necesariamente un impacto inmediato en el desempeño y los resultados de la organización.

Más bien, los resultados llegan en el mediano y largo plazo. Por esta razón, se requiere de un liderazgo con visión de futuro, capaz de apaciguar las ansiedades de quienes desean ver los frutos del trabajo en un corto período y de los detractores al sistema, quienes se mueven por el interés de volver a la situación anterior (probablemente su zona de confort).

Con liderazgo, los sísifos de la calidad pueden subir su carga con la confianza de que esta no se devolverá. Y así, podrán llegar a alturas propias de la gestión de excelencia.

Les dejamos una pregunta para reflexionar: ¿Existe en su organización liderazgo de la alta dirección para implementar la gestión de la calidad?

 

 





Artículos más recientes del autor