Estatuto Constitucional de Minerales: una advertencia más, y el rol del ecosistema

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Más allá de la Convención Constitucional y del Estatuto Constitucional de Minerales, la minería debe hacer un esfuerzo por promover un ecosistema provechoso para todos.

Los mineros respiramos con cierto alivio cuando el pleno de la Convención Constitucional (CC) hizo el trabajo de descartar en el Estatuto Constitucional de Minerales las normas sobre minería más notoriamente complejas. Por ejemplo, la nacionalización o el cambio de concesiones judiciales por autorizaciones administrativas.

Quedan pendientes, sin embargo, las normas mineras transitorias, la armonización y las que se dejaron a la legislatura parlamentaria, probablemente de quórum simple.

Todo ello nos lleva a un estado de incertidumbre muy perjudicial para la materialización de inversión minera, especialmente en la fase de exploración, cuyo impacto veremos en el mediano plazo en la ralentización de la inversión, como ya lo refleja la encuesta anual del Fraser Institute.

Más allá de la Convención Constitucional y del Estatuto Constitucional de Minerales

Mas allá de los dimes y diretes de la CC y del Estatuto Constitucional de Minerales, queda sin embargo un mal sabor de boca con la discusión y una sensación de vulnerabilidad en el ambiente minero.

Hay una parte importante de Chile que aún mira con distancia su principal industria, si no es derechamente con desconfianza. Los impactos ambientales, la diferencia económica y social que significa estar adentro o afuera de una empresa minera, los megabonos que pregonan a gritos la realidad de los mineros versus la del resto de los trabajadores chilenos, la distancia geográfica de las faenas y, mas importante aún, la lejanía humana y económica de las grandes operaciones mineras del país nos empujan a un mal lugar en la escala del aprecio.

Con suerte la discusión nacional sobre minería se eleva más allá de la propiedad de los recursos y las rentas, o sobre el precio del cobre y su impacto macroeconómico.

Los mineros chilenos estamos claramente al debe en la generación cariño y respeto por nuestra actividad, genuino interés en ella, identidad, sentido de oportunidad y de futuro. El chileno medio no ve aún razón para aplaudir el rol del cobre y el litio chilenos en la lucha contra el cambio climático, y el rol de Chile como “superpotencia verde” que nos endosa The Economist sobre la base de nuestra producción minera.

La CC y su advertencia

La CC nos deja entonces una advertencia: la actividad minera en su conjunto debe asumir definitivamente la necesidad de un quiebre en su actuar. En todas las dimensiones que alimentan su legitimidad.

Es cierto que ha liderado materias de sustentabilidad en las últimas décadas, pero está claro que no ha sido suficiente. Y no es un tema de comunicaciones, comprendido esto como tradicionalmente se hace. No se trata solo de campañas de publicidad y de contar lo buenos que somos para “hacer la pega”. Se trata de generar confianza y respeto.

Las compañías mineras no pueden hacer esto solas. Necesitan la mirada de externos, ojos limpios que viabilicen conversaciones honestas sobre sus externalidades, las positivas y las negativas, y ayuden en primer lugar a mitigar los impactos; en segundo lugar, a amplificar sus potenciales benéficos, y en tercer lugar, a integrarse con mayor fuerza en la sociedad y en el país.

Ecosistema vibrante y licencia social

Las compañías mineras deben tomar conciencia de que eso solo se logra involucrando un ecosistema vibrante. Uno que desarrolla y propone soluciones, que acerca a la industria minera a la ciudadanía, que entiende y comunica sus beneficios, pero también los desafíos de la actividad. Y que, en definitiva, convierte a su gente en “mineros” por extensión: universidades, centros de investigación, proveedores de bienes y servicios, emprendedores.

La licencia social de la minería no se compra. La licencia social se logra cuando el país percibe honestidad y posibilidades ciertas de futuro gracias a su minería. Y no solo recursos económicos, sino un verdadero liderazgo en todas las materias asociadas a la minería. Desde el cuidado del agua, la relación con su entorno, el desarrollo de tecnologías y nuevas industrias como el hidrógeno gracias a su palanca, y las innovaciones, bienes, servicios y conocimiento que podemos generar en torno a la industria más importante de Chile.

Es indispensable que los empresarios, emprendedores, generadores de conocimiento y de innovación nos acerquemos a las compañías mineras; y que ellas abran deliberada y comprometidamente espacios de conversación que fortalezcan la noción y sentido del ecosistema minero.

Solo así la industria minera podrá desplegar todo su valor para el país. Y el país podrá juzgarnos con mayor conocimiento y justicia, como actividad y como plataforma de futuro.

 

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Mauro Valdés

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