Empresas: ¿Conoces el impacto ético de tu quehacer?

Pensar que la gestión de empresas se agota en la maximización de la utilidad es una sobresimplificación. Las empresas tienen responsabilidad con la sociedad completa, no solo con sus accionistas. No pueden dejar de preguntarse si aquellas personas a las que dan servicio crecen como seres humanos, si son más sabias, más libres, más autónomas, más saludables; preguntarse si las personas menos privilegiadas van a beneficiarse de algún modo o, como mínimo, no sufrirán ningún detrimento adicional.

No da lo mismo la forma en que se genera la utilidad de una empresa. La utilidad que incluye un beneficio social representa una forma más elevada de llevar adelante la actividad de negocios. Inevitablemente, lo que la empresa haga o deje de hacer tiene una dimensión ética que no se puede evitar, porque afecta, para bien o para mal, el bienestar de mucha gente.

La persona al centro

La Fundación Generación Empresarial propone como una responsabilidad central del gobierno de la empresa: avanzar hacia una “cultura de integridad” en toda la organización, que releve “el rol social de la empresa” y “sitúe a la persona en el centro de la toma de decisiones”.

Se trata de “generar conciencia de que en cualquier decisión que se tome, es crucial sopesar el impacto que los actos tienen en la ciudadanía, en la comunidad, en el planeta, en nuestros colaboradores y públicos de interés”.

El desafío es, en suma, “frente a cada decisión, buscar no solo el óptimo económico, sino el óptimo ético”. Al no ser tarea fácil, ayuda el institucionalizar la ética en la empresa a través de iniciativas como el Código de Ética, el manual de políticas de la empresa, las líneas de denuncia y muchas otras.

Depende del liderazgo

Pero una cultura de integridad se moldea muy principalmente en el estilo de liderazgo y la conducta de los ejecutivos superiores, además de políticas de comunicación abierta, y sistemas de reconocimiento, promoción y evaluación del desempeño, en los que se favorezca el comportamiento ético. Solo de este modo se va a conseguir que sean los criterios éticos y no los económicos los que perfilen la pauta de actuación de una empresa

En suma, al reconocer que la gestión no es solamente un desafío económico, técnico o legal, sino que es principalmente un desafío ético, la empresa estará haciendo un aporte sustantivo a la construcción en el país de una cultura de integridad.

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