¿Educando la innovación o innovando la educación?

Andrés Villela reflexiona sobre la relación entre innovación y educación. ¿Sabías que las habilidades que subyacen al proceso de innovación provienen de un comportamiento mucho menos sofisticado de lo que usualmente creemos?

“No es trivial preguntarse cuál es la relación entre educación e innovación. Ambas buscan avanzar en la frontera del conocimiento y sacar desde el interior una nueva mirada y punto de vista”, señala Andrés Villela, subdirector académico de la Escuela de Diseño de la UC, y profesor de Clase Ejecutiva UC.

— ¿Se puede “educar” la innovación?
“Si bien la innovación es un concepto mucho más contemporáneo, lo cierto es que, como muchas otras ideas emergentes, ha debido usar la plataforma de la educación como medio de diseminación. Así, hoy particularmente las instituciones de educación superior han integrado la innovación como una herramienta clave de sus planes de estudio y los perfiles de egreso de sus estudiantes”.

“Es válido preguntarse si la innovación se puede impartir como una disciplina en sí misma o corresponde a un comportamiento complejo que se apalanca desde múltiples competencias (conocimientos, habilidades y actitudes)”.

“Pensar en una ingeniería en innovación o un diseño de innovación suena bien, pero lo cierto es que no existen muchos programas de formación basal de pregrado que se hagan cargo de este ámbito. Es más usual encontrar certificados académicos como minors o majors, postítulos o posgrados”.

— Pero a su vez, la innovación parece indispensable en educación…
“La innovación sí ha resultado ser una excelente vía de diferenciación y evolución del propio sistema de educación, especialmente por los cambios en las dinámicas del aula, el uso de tecnologías, modalidades de formación en línea y blended, incluso hasta llegar al propio ‘modelo de negocio’ y la aparición de Massive Online Open Courses (MOOC), badges, y otros sistemas de formación-certificación”.

—Entonces, ¿en qué punto se tocan?
“Probablemente se debe entender primero que la complejidad de la innovación radica en la capacidad de orquestar múltiples variables que construyen valor en un contexto y momento dado. Comprender esta complejidad puede que sea una habilidad que se apalanca con años de experiencia y, por ello, para llegar a liderar la innovación de una gran compañía como Chief Innovation Officer (CIO) se requiere tiempo, recursos, experiencias, proyectos, éxitos y fracasos”.

“Sin embargo, cada vez es más reconocible que las habilidades que subyacen al proceso de innovación, provienen de un comportamiento mucho menos sofisticado de lo que usualmente creemos. Las estadísticas de éxito del famoso ejercicio Marshmallow Challenge muestran que los niños pequeños logran mejores resultados que el promedio de profesionales, precisamente porque están mucho menos amarrados a ciertas creencias y prácticas organizacionales”.

“Así la innovación tiene la oportunidad de avanzar desde la base de nuestro sistema educativo, promoviendo y fortaleciendo las ‘habilidades genéricas’ o denominadas ‘del siglo XXI’, haciendo alusión a su implicancia para enfrentar los nuevos desafíos. Creatividad, trabajo en equipo, liderazgo emergente, resolución de problemas, aprender a aprender, desaprender e, incluso, jugar; son las habilidades clave para moverse más allá de la frontera de la eficiencia operacional”.

“Una red que busca promover la innovación a nivel nacional, debe contribuir y beneficiarse desde el sistema de educación. Los niños y jóvenes de nuestro país pueden ser la clave si dejamos salir sus talentos y creatividad.”

Lee aquí sobre el curso online “Metodologías de Innovación: Ideación” de Clase Ejecutiva UC.