Desafíos éticos y los signos de los tiempos

desafíos éticos, signos de los tiempos, modelo de empresa

Las grandes transformaciones en curso plantean desafíos éticos para las organizaciones y la sociedad; son los signos de los tiempos. 

Tal vez no haya época más desafiante para el desarrollo de la actividad empresarial que la que hoy nos toca vivir. Son, sin duda, tiempos de gran desconcierto e incertidumbre sobre el futuro. La llegada del siglo XXI no hizo más que acelerar y profundizar las grandes transformaciones y cambios en todos los ámbitos de la vida que ya se observaban en el siglo anterior y que plantean desafíos éticos enormes para las empresas y la sociedad.

Globalización y desigualdad

La globalización de los mercados ha permitido generar un enorme valor económico, alcanzar una gran eficiencia en los procesos productivos y abrir oportunidades extraordinarias que han beneficiado a millones de personas. La pobreza se ha reducido en todo el mundo, pero, al mismo tiempo, se ha generado una concentración creciente de la riqueza en unas pocas manos, lo que trae consigo desigualdad, inquietud social y polarización política.

No se condice con la condición humana el que una parte importante de la humanidad no pueda acceder a una vida digna, por la precariedad de su situación económica. Hoy se cuestiona si la globalización no ha ido demasiado lejos y si el excesivo foco en la generación de riqueza no ha descuidado el bienestar de las personas.

Tecnología y transformación del trabajo y de la vida

Los cambios tecnológicos no dejan de sorprendernos. Los avances en la electrónica, la digitalización, la inteligencia artificial, la automatización y las redes sociales, entre muchos otros, están cambiando profundamente el mundo de los negocios y la sociedad. El cambio en la forma de trabajar es evidente. La pandemia ha acelerado la incorporación del teletrabajo.
Sin duda, los avances científicos abren oportunidades de crecimiento y mayor bienestar. Pero este progreso no está exento de dificultades.

La “sociedad del conocimiento” premia generosamente a quienes se hacen expertos en el manejo de las tecnologías y desprotege a la gran mayoría que no logra subirse a ese carro, agudizando la desigualdad.

Medio ambiente y el riesgo para la vida en la Tierra

Los problemas medioambientales y el calentamiento global se están manifestando de un modo implacable, con fenómenos climáticos que producen destrucción y muerte en todo el mundo. Además, se anticipa un aumento en el nivel de los océanos que puede sepultar regiones y pueblos completos, y estamos observando la desaparición acelerada de numerosas especies vegetales y animales que hacen temer por la continuidad de la vida en la Tierra.

No es bueno suponer que el crecimiento económico no tiene límites, cuando observamos el creciente agotamiento de los recursos naturales esenciales para la vida, como el agua, el cambio climático y el deterioro del medio ambiente. El progreso, así entendido, no tiene futuro: es autodestructivo.

Flujos migratorios que sorprenden, un desafío ético

La migración es un problema que ha adquirido proporciones enormes en nuestro tiempo y plantea el desafío de acoger a personas que se han visto desplazadas de sus hogares por razones de la más variada índole.

La migración plantea un desafío ético gigante, pues los países no pueden abrir sus fronteras sin restricciones. Pero tampoco pueden negar el acceso, por razones humanitarias, a quienes golpean a sus puertas.

Cambios culturales y valóricos que ponen en riesgo la convivencia

La exacerbación de valores como el individualismo, la codicia y el egoísmo, que se presentan como el fundamento de un crecimiento más acelerado, resulta preocupante.

Llevados al extremo, desvirtúan lo esencial de la convivencia humana, promoviendo una acumulación sin medida de riquezas y alentando la corrupción. Resulta chocante que por acumular bienes materiales llevemos una vida acelerada de trabajo, sin descanso y sin pausa, que poco a poco nos va deshumanizando.

Por otra parte, la “libertad de elegir” es ciertamente un valor positivo. Pero considerarla como un valor supremo no es apropiado. La popularización de los “valores progresistas”, como el aborto libre, la eutanasia y la definición de la identidad de género se transmiten como si fueran un progreso cultural. Esto no toma en cuenta los límites que nosotros mismos debemos poner a nuestra conducta. La libertad debe ejercerse en un marco definido por las condiciones de orden económico, social, jurídico, político, cultural y ético.

Desafíos éticos: Un modelo de empresa para el Chile de hoy

Estamos aún en medio de una pandemia que lleva más de un año azotando a todos los países del mundo, y produciendo daño y dolor. Lo que nos recuerda que estamos permanentemente en riesgo de que un evento inesperado altere profundamente nuestras vidas en un plazo muy breve.

A esto se suma el surgimiento de un movimiento social que ha puesto en evidencia inquietudes que pueden ser muy legítimas, pero que se ha manifestado con destrucción y violencia.

También han crecido con fuerza las redes sociales, que han transformado a todas las personas en críticos opinantes. Y han alterado profundamente la naturaleza de las empresas de comunicaciones y la forma de hacer política. Las redes sociales, con su comunicación instantánea, han traído transparencia y, a la vez, distorsiones de la verdad con sus fake news y sus influencers.

Además, en Chile, se han desprestigiado enormemente la política y la empresa, que son dos pilares del desarrollo del país. Desde hace veinte años, diversas encuestas han ido mostrando la pérdida creciente del afecto que la gente siente por la actividad política y la empresa.

Solo el 1% de la población confía en los parlamentarios, según la Encuesta Bicentenario de la Universidad Católica y Adimark; y una fracción algo mayor confía en la empresa.

La “buena política”, la “buena empresa” y los desafíos éticos

Esta situación es muy desafortunada, porque la “buena política” y la “buena empresa” son pilares indispensables para el desarrollo del país. Pero en la situación que estamos viviendo, se ha hecho difícil la relación de los grandes actores sociales. No es esta la expresión de una buena política, que se caracteriza por la disposición a escuchar los planteamientos de la contraparte y negociar con altura de miras, para acomodar lo mejor posible los intereses de todos los grupos sociales.

Pero, aunque el accionar de las empresas hoy está cuestionado y su prestigio es bajo, las necesitamos más que nunca para la atención de las grandes causas sociales. Hay dos condiciones que deben cumplirse. La primera, las empresas tienen que ser rentables si pretenden crecer y perdurar; la segunda, no da lo mismo la forma en que se genera la utilidad de una empresa. “La utilidad que incluye un beneficio social representa una forma más elevada de capitalismo” (Michael E. Porter and Mark R. Kramer, Creating Shared Value: How to reinvent capitalism and unleash a wave of innovation and growth, Harvard Business Review, enero, 2011).

De allí que el desafío sea cómo hacer empresa hoy y cómo contribuir al bien común. Es urgente ajustar el modelo de empresa, con el fin de restablecer las confianzas de la ciudadanía y legitimar su rol en la sociedad.

 

Este artículo se basa en otro publicado en la página de Clase Ejecutiva UC en el diario El Mercurio, en 2021. Descarga el PDF de la página aquí, luego de completar unos datos. 

 

Actualízate con el curso sobre ética y RSE (online) de Clase Ejecutiva UC. 





¿Te gustó? Compártelo en tus redes

Artículos más recientes del autor