Decálogo frente al dilema de “la última cama”

Este decálogo frente al dilema de “la última cama” es una aplicación concreta de principios éticos válidos en cualquier circunstancia.

Necesitamos recurrir a principios éticos fundamentales para discernir el comportamiento más apropiado en cada circunstancia, por ejemplo, frente al dilema de “la última cama”.

1. Dada la dignidad del ser humano, toda persona enferma, independiente de su condición social y económica, nivel educacional, origen racial, creencias, edad, libre o en una cárcel, y de sus gustos, tiene el deber de solicitar ayuda médica y el derecho a ser atendida adecuadamente.

2. El personal de salud que atiende y trabaja cerca de personas enfermas debido al coronavirus tiene el derecho y el deber de cuidarse y ser cuidados, por lo que se les debe proveer la asistencia material, humana, sicológica y espiritual que requieran para su seguridad.

3. Cada vez que no se cumple con las normas sanitarias que emanan de la autoridad en materia de cuarentena y cordones sanitarios, uso de implementos de protección, distanciamiento físico, lavado de manos, entre otros, solo se logra que más personas lleguen a los servicios de cuidados intensivos y tengan menos posibilidades de optar a un ventilador mecánico.

4. Cada caso es único e irrepetible y debe ser analizado por médicos especialistas. La opinión de los comités de ética de los centros hospitalarios puede ser de gran ayuda para tomar decisiones terapéuticas, pero será el médico tratante quien con ciencia y en conciencia ha de procurar la cura más conveniente. El equipo de salud es fundamental e indispensable, pero la responsabilidad del médico es indelegable e intransferible.

5. Siempre se ha de evaluar si el uso de instrumentos y personal es desproporcionado a los resultados previsibles, y si las técnicas empleadas imponen al paciente mayores molestias que beneficios. Desde lo ético, habida consideración del parecer del paciente, es legítimo renunciar a ciertas intervenciones médicas que no parecen adecuadas a la situación del enfermo.

6. Es lícito no recurrir, siempre y en todas las circunstancias, a toda clase de tratamientos y remedios posibles, dado que ello podría únicamente provocar una prolongación precaria de la existencia y podría correr el riesgo de un tecnicismo que puede ser abusivo. Los medios deben ser siempre útiles y eficaces.

7. Se está siempre obligado a los medios ordinarios y habituales de curación después de ponderar: el tipo de terapia, el grado de dificultad, el riesgo que comporta, las posibilidades de aplicación, las condiciones del enfermo, y sus fuerzas físicas y morales. No se está obligado a lo imposible, pero resulta éticamente inaceptable que los medios utilizados dependan de la situación financiera del paciente o su familia. Sobre los servicios de salud privados grava una hipoteca social y, por ello, el rol subsidiario del Estado es clave.

8. Cuando la enfermedad inevitablemente conducirá a la muerte, el paciente tiene derecho a morir con dignidad, lo que implica: cuidados paliativos; asegurarle asistencia humana y espiritual, y estar acompañado por un familiar para vivir la dolorosa, pero sanadora, experiencia de la despedida.

9. Es importante dejar actuar a los equipos médicos y apoyarlos. Tienen que tomar decisiones ante situaciones muy complejas que exigen confianza, colaboración y apoyo por parte de la ciudadanía. Lo mismo se aplica para quienes proyectan y promueven las políticas públicas en estas materias.

10. Mientras más responsables seamos todos, disminuirán los contagios, por lo tanto, los enfermos y los fallecidos. Además, es un acto de justicia hacia aquellos que exponen sus vidas en los hospitales y clínicas para sanar, curar, aliviar y consolar a quienes están hospitalizados. Para ellos toda nuestra admiración, apoyo y felicitaciones.

Lee el decálogo de la ética económica en pandemia.

Este artículo se publicó en la página de Clase Ejecutiva UC del diario El Mercurio de Santiago, en junio de 2020. Puedes descargar el PDF aquí, luego de completar unos datos.

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