Comunicación y toma de decisiones: No todo es formal

En comunicación y toma de decisiones hay canales informales que pueden ser inofensivos, pero hay otros pueden alimentar sórdidas conspiraciones.

Las comunicaciones que componen a las organizaciones se refieren a decisiones tomadas o por adoptar. La comunicación formal de la toma de decisiones sigue conductos regulares y va generando nuevas decisiones en todos los lugares por los que pasa.

En las organizaciones más burocráticas, en cada una de las instancias por donde pase el flujo comunicativo de decisiones debe quedar constancia de su paso y de las decisiones que se derivaron de las informaciones contenidas en el flujo comunicacional.

Así, la comunicación de decisiones va cambiando permanentemente. Nuevas decisiones van siendo comunicadas y algunas de las decisiones que ocasionaron estas decisiones recientes dejan de serlo.

Por ejemplo, el gerente general de una empresa, debido al bajo precio y gran estabilidad del dólar, decide importar los productos terminados, en vez de continuar produciéndolos en la propia empresa.

Esta decisión la comunica a todos los ejecutivos que deberán cumplirla. Evidentemente, el modo de hacer realidad una decisión tan amplia consiste en adoptar decisiones más específicas, al interior de las gerencias de finanzas, personas, producción, adquisiciones, comercialización, etc. De este modo, continúa el flujo comunicativo de las decisiones.

Además, es preciso informar a las autoridades y ejecutivos superiores sobre el estado de cumplimiento de sus decisiones. Esta información probablemente los hará tomar y comunicar otras decisiones.

Sórdidas conspiraciones

No todas las comunicaciones siguen canales formales, lo que es válido también para las comunicaciones de la toma de decisiones.

Sórdidas conspiraciones contra determinadas personas se van armando informalmente, para lograr que los jefes tomen decisiones que las perjudiquen.

Dichas conspiraciones se construyen de forma comunicativa. Alguien que siente una profunda antipatía por un compañero o jefe se confabula con otro que también se ha declarado enemigo de esa persona.

En esta confabulación, que habitualmente se genera mediante comunicaciones informales y orales, se adoptan decisiones acerca de los pasos a seguir para conseguir su abominable objetivo. También esas decisiones son comunicadas por canales informales, aunque en algunos casos puedan intervenir el flujo comunicativo formal, para insertar informaciones falsas.

La evidente falta ética que todo esto implica no impide que muchas personas que se jactan de su estatura moral participen gustosas en la intriga, inventando errores, atribuyendo malas intenciones, acumulando falsedades contra su víctima.

Hay también comunicaciones informales que son inofensivas porque no buscan afectar a nadie. Se trata del constante cuchicheo entre miembros de la organización,habitualmente del mismo rango jerárquico, que comentan los sucesos del día, tanto del sistema organizacional que los cobija como otras noticias y chismes. La razón de ser de estos murmullos se encuentra en el placer de la sociabilidad y el anhelo de novedades.





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